Visión general

La forma de vida de nuestra actual sociedad, en la que se producen tantos cambios y tan rápidos en todos los ámbitos, obliga a crear nuevos valores y actitudes. Estas transformaciones constituyen una gran preocupación para muchos padres y madres que buscan calidad en la educación y formación de sus hijos, pues la introducción de esos nuevos valores ha de hacerse sobre el fundamento del respeto total al niño. No hay que olvidar que la tarea de los padres es ayudar al niño a desarrollarse de la mejor manera posible.

Si queremos que la educación despierte en el alumno seguridad en sí mismo y sentido de participación y de responsabilidad social, son necesarios los espacios educativos donde se practiquen esos valores, donde padres y maestros trabajen juntos.

Las escuelas Waldorf responden a esta necesidad. Funcionan como un organismo social vivo gestionado por maestros y padres.

Un planteamiento así hace necesario que todas las personas que participan se comprometan a entrar en nuevos procesos de aprendizaje. Por ello, también los padres tienen que encontrar en el colegio un estímulo para iniciar un trabajo permanente de autoeducación que les permita comprender y responder de manera adecuada a los procesos madurativos del niño, que en cada etapa va a exigir actitudes y formas diferentes. De ahí que el marco de la escuela sea idóneo para ese trabajo en equipo, para tomar conciencia sobre la importancia de la salud, la alimentación, la higiene, el ritmo de vida sano, el trabajo pedagógico tanto en casa como en la escuela etc.

La participación de la familia en la vida escolar como coeducadores comporta la creación de una escuela de padres muy activa desde la que se llevan a cabo muchas experiencias:

  • Organización de fiestas, exposiciones y mercadillos.
  • Conferencias y grupos de estudio y trabajo.
  • Reuniones pedagógicas con los maestros.
  • Talleres de elaboración de juguetes naturales.
  • Organización y participación en talleres artísticos: canto, instrumentos, pintura, euritmia, arte de la palabra, gimnasia bothmer y deportes, teatro etc.

Y en general cualquier iniciativa de carácter cultural que comporte un desarrollo personal y potencie el camino de la autoeducación.

Todo niño, por las necesidades intrínsecas de su desarrollo, pasa durante el período de la vida correspondiente a su educación por las más grandes transformaciones, tanto en su constitución corporal, como en su capacidad para sentir y vivenciar, así como en las estructuras de su pensamiento o de sus estados de consciencia. A través de la experiencia del medio y del ámbito social, tiene que encontrarse a sí mismo y hallar su concepto personal de la vida, y, encontrándose a sí mismo, descubrir el entorno humano que corresponde a su destino y su misión en el mundo.

Para ello la pedagogía tiene que actuar de una forma tan sutil que debe contribuir a que, tanto la parte física como la anímica del niño, se formen de tal manera que, llegado el momento, la individualidad pueda desarrollarse de forma saludable y pueda elegir su camino con absoluta libertad. De tal forma que, si tomásemos como imagen la de un escalador, una buena educación sería aquella que no solamente se preocupa de llenar la mochila de utensilios y herramientas para la escalada, sino aquella que también le enseñase al escalador a estudiar las diferentes rutas, a observar el cielo y predecir el tiempo, a aprender a utilizar cada herramienta en el lugar adecuado, a elegir el momento oportuno. Cuanto más completa y equilibrada sea la formación del mismo, tantas más probabilidades de éxito tendrá la aventura. Y la Pedagogía Waldorf intenta preparar de la mejor forma, más completa y con la menor presión posible a los niños que están en el comienzo de esa escalada que es la vida. Y no sólo para que coronen la cima, sino para que sean Hombres libres y completos en su caminar.